NFORMACION DE PRENSA Centro Cultural Recoleta, marzo de 2008

Diana Aisenberg: Escuela

Inauguración: 11 de marzo de 2008

Sala J, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires

El Centro Cultural Recoleta y Daniel Abate Galería de Arte tienen el placer de presentar la exposición Diana Aisenberg: Escuela curada por Victoria Noorthoorn que se inaugurará en la Sala J del Centro el martes 11 de marzo de 2008 a las 19 hrs.

La exposición incluye una selección de obras de Aisenberg desde los años 80s hasta la actualidad, y permite observar la cercanía de intereses entre proyectos que hasta el momento se han presentado por separado: su importante obra pictórica, su labor docente, y la apertura comunitaria que conlleva su proyecto Historias del arte: Diccionario de certezas e intuiciones. La muestra presenta pinturas de diversas épocas, que incluyen una serie inédita; una gran sala de documentación sobre su proyecto Diccionario; dibujos, objetos y videos; y proyectos en colaboración: entre ellos, una gran instalación que incluye su Madonna protectora de la pintura (1985) acompañada por un retablo realizado por el colectivo de jóvenes artistas Laura Ahíta, Victoria Colmegna, Natalia Cristófano, Alina Perkins y Julia Sánchez.

En palabras de Aisenberg, “la exposición concentra distintas facetas de mi trabajo, haciendo de todas una bajo el concepto de escuela; con la intención de revisar este concepto, ponerlo en juego, y recuperar el valor de lo didáctico como un valor respetado para el arte.” ¿Qué es lo didáctico para Aisenberg? Se trata de la posibilidad de generar una transformación en el otro, a partir de la decisión de desarmar un pensamiento propio ante el otro, para luego volver a armarlo incluyendo al otro en el proceso. Lo didáctico como proceso de apertura e inclusión, de transformación y producción, que se gesta y construye en colaboración. En esta exposición, los trabajos dan cuenta de esta apertura de diversas formas: en sus dibujos realizados en colaboración con la artista Elba Bairon; en la gran colaboración que estructura el proyecto Historias del arte: Diccionario de certezas e intuiciones; y en su invitación al colectivo Egina, Galatea, Cirene, Calisto, Dafne y Driada a crear un entorno para su Madonna protectora de la pintura, mostrada por primera vez en 1985 junto al grupo La Compañía en ocasión de la apertura de la Galería del Centro Cultural San Martín

En la muestra, lo didáctico se extiende para hacer evidente una reflexión sistemática por el origen de las cosas, y específicamente por el acto de nombrar –acción de resonancias bíblicas. Para Aisenberg, “las cosas adquieren presencia o existencia al ser nombradas, y son el nombre que uno les da.” Aisenberg propone una relación continua entre imagen y palabra que toma como fuerza el nombre. De allí su proyecto Historias del arte: Diccionario de certezas e intuiciones, una invitación a revestir a palabras existentes de nuevos significados, y que la artista define como “un diccionario hecho de regalos (…) que se construye a sí mismo a partir del encuentro con los otros. La participación de cada uno lo constituye y lo transforma en su contenido y modo de manifestarse. Su esencia reside en el montaje y edición de la información proveída por los colaboradores 1800registrados- y en la resolución de su formato a partir de estos encuentros. Es así que ha sido editado ya en forma de libro, afiche, pared, revista, página de artista, publicación, estampado en remeras, fotos de registro de evento, vitrina, objeto, instalación, video. Todas las opciones que nos ofrece el mundo del arte hoy están a su disposición.” Escuela incluye documentación de este impresionante proyecto que nació en 1996 a partir del seminario “Historias del arte” dictado por Aisenberg en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires. Presenta las publicaciones a que dio lugar incluida una libro por Adriana Hidalgo Editora en 2004 y una presencia constante en la revista ramona que en su sección “Pequeño Daisy Ilustrado”, fotografías de los eventos, y testimonios y escritos de los diversos colaboradores.

La pintura de Aisenberg sigue la lógica de su Diccionario mismo antes de que éste exista: revisar o poner en juego o hacer visibles las palabras que usamos para nombrar las imágenes que vemos. Aquí, el nombre --como palabra que define a una cosa o persona—cobra presencia y contribuye a dar forma a las imágenes pictóricas. Por ejemplo, en su serie “Art” de 1988, Aisenberg proponía una relación entre partes: entre el nombre “Art” y ya sea un cairel, una gallina (en su universo símbolo de la protección de la pintura), o unas flores (en su simbología una abstracción del género naturaleza muerta).

Las pinturas que asimismo invitan a la reflexión sobre el origen desde otro punto de vista: la recuperación de los géneros y de los procedimientos tradicionales de la historia del arte, bajo el formato de una conversación actualizada. La exposición incluye obras las cual Aisenberg indaga sobre el género de la naturaleza muerta (como en su obra Marco, de su serie “Flores y Frutas”), o sobre el manejo de luces y sombras en su obra Sombras del 2000. Así, Aisenberg niega la necesidad de la novedad y desacraliza los grandes géneros, acercándolos al espectador. Al mismo tiempo, jerarquiza lo cotidiano y desestructura la relación entre historia de la pintura y vida cotidiana al presentar una pintura y un jarro con el mismo motivo en diálogo y a la par (en su serie de Combos de 2002-2003).

Es que todo fue pintado, no hay imagen nueva y no sólo que todo fue pintado sino que de varias maneras.

Este es el gran desafío. El medio en sí es un instrumento que espera.

Frente a la supuesta prioridad que hoy se otorga al medio (sea digital, foto u objeto instalado) en donde el valor artístico se sospecha relegado a una mera cuestión de oficio, el quehacer de la pintura revela y evidencia la presencia del artista en relación a la utilización ejemplar del instrumento en una coincidencia que no acepta disociación.

La renuncia implícita al prodigioso discurso de la novedad incluye la revisión obligatoria de qué significa ser artista hoy, de la resignificación del espacio, de todos los elementos del lenguaje y de todos los medios del arte. Porque el arte como forma de ser, como modo de vida, es una tarea que nos compete a todos.

La pintura insiste: cercana al pensar mismo, a la esencia de todas las cosas, alejada del “ser social” se solidifica como un gigante: como el que ya murió mil veces.” (Aisenberg, “La defensa de la pintura”, revista ramona.)

La reflexión sobre el origen permea la exposición en todo sentido. Éste incluye al nombre y a la propia historia del arte pero también invade los temas elegidos, entre ellos el huevo y el mundo de los niños. No es casual que la primera exposición de la artista en 1984 haya presentado su serie Mujeres niñas reinas, de la cual aquí presentamos dos pinturas, y que su última exposición hasta la fecha, Arquitectura del cielo en 2007, haya presentado un homenaje a dicho mundo. En uno y otro caso, se presenta una concepción del mundo teñida de referencias literarias y personales de la artista. En Mujeres niñas reinas Aisenberg adopta la frase de un poema de Arturo Carrera, mientras que en su última exposición adopta la concepción de de Emanuel Swedenborg (1688-1772). Para Swedenborg, el tercer cielo, el más alto, es el de los cristales, que las águilas protegen cual guardianas de tesoros. En el segundo cielo, se ubican las flores, las niñas protegidas por los perros, y las mariposas. Finalmente, el primer cielo se asienta sobre camalotes: aquéllas plataformas de despegue donde viajan los niños y otros animales (tal es así que la leyenda cuenta que el pequeño tigre que dio nombre a nuestro Delta viajó sobre un camalote).

la obra de Aisenberg se construye a partir de una conversación continua entre la literatura, la palabra escrita y su propia construcción de imágenes, con alusiones explícitas en la pintura a Federico García Lorca, a Felisberto Hernández, Catherine Mansfield, y a Swedenborg, por dar sólo algunos ejemplos. En la exposición, incluimos tres trabajos importantes que permiten aproximarnos a este registro, dos de los cuales –de 1990— incluyen citas de textos de Hernández y de Mansfield respectivamente. Pero he aquí la densidad de intereses que cruza a cada una de las obras de Aisenberg, pues la obra que incluye el texto de Hernández parece preanunciar su proyecto Historias del arte: Diccionario de Certezas e Intuiciones y el de Mansfield enfatiza la fascinación de la artista por la exploración del mundo de los niños.

Esta exploración por el origen y por cómo se da forma a ese origen está en la base de la importante labor docente de Aisenberg, maestra formadora de hoy grandes artistas de mediana generación así como de artistas jóvenes que comienzan a dar pasos sostenidos en el mundo del arte. Aisenberg dedica una sala a realizar un homenaje a la docencia, mediante la presentación de una nueva serie de obras que bajo el formato de pizarrones rinden homenaje a dos grandes de la educación en el arte: George Steiner y Joseph Beuys, quien no distinguía entre su obra y su enseñanza y planteaba la importancia de la transformación que podía ocurrir desde el arte. El pizarrón incorpora en sí al proceso del pensamiento que toma forma en el escribir y el borrar, trabajar con lo que queda y construir sobre conceptos explorados. Simboliza la síntesis de un proceso en constante evolución. En sus pizarrones, Aisenberg deja que hablen por sí mismos –que sean lo que son: soporte—y, en algunos casos, se permite realizar sobre los mismos los ejercicios que da a sus propios alumnos.

Finalmente, podría decirse que en esta exposición, Aisenberg ofrece al espectador una simbología –la Madonna o la gallina como símbolos protectores de la pintura, y quizás una simbología sobre si misma en tanto profesora de artistas– y una concepción del arte como una revisión continua de sus orígenes –la historia del arte- y de los orígenes del ser –a través de la pregunta por el nombre y la puesta en homenaje del mundo de los niños. La pregunta por el origen es quizás la pregunta más valiosa a la hora de realizar una revisión de la propia historia y a la hora de compartir la experiencia del arte con alumnos y jóvenes artistas. ¿No es ésta la pregunta que debería estar en la base de toda consciencia a la hora de abrirse a la experiencia del arte?

- Victoria Noorthoorn,

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